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Del francés drainage

1. Agric. Dar salida a las aguas muertas de un terreno.

Me gusta el olor a drenaje. Cuando camino por la banqueta y paso por una alcantarilla, camino un poco más lento. Así alcanzo a inhalar ese olorcito particular que, a pesar de siempre estar constituido por diferentes sustancias debido al lugar, en suma, conserva la misma esencia. Ese hedor penetrante y cálido que sugiere un escondite impúdico apartado de nosotros me retiene hasta el punto en que a veces paro por completo para aspirarlo.

En una ciudad con un sistema de alcantarillado deficiente y robos al por mayor, es fácil encontrarme en la calle con registros a los que les han hurtado la tapa. Si uno se asoma puede ver el drenaje corriendo en el fondo, las paredes del sumidero húmedas, podridas. Usualmente alrededor del pozo hay manchas que evidencian líquidos que la gente tira en ellos. He visto unas que denotan aceite, otras que parecen atole o vómito. Una vez observé a una ratilla mojada trepando por las paredes del pozo. Abstraída en el drenaje y su particular tufo he llegado hasta a perder el autobús que se encontraba a pocos metros.

Las ocasiones en que ha habido problemas con las tuberías de mi departamento no busco al plomero hasta después de unos días. Ahora mismo que estoy en la regadera, al cerrar la llave y esperar a que los líquidos desaparezcan, me quedo unos segundos en silencio para escuchar el ruido trabajoso que la coladera emite al tratar de tragarse una masa de agua pesada y contaminada.

Mientras escucho correr el agua mezclada con orines, recuerdo cuando Rafael me contó que su perro tenía una garrapata. Lo supo durante días pero no se la quitó hasta que se obligó a romper la desidia.

Desnuda y mojada todavía, quito la coladera y me detengo a observar el caño. Pienso en el trayecto que siguen los residuos dentro de la tubería, en las materias descompuestas acumuladas. Todo lo escondido que retiene el cobre oxidado que el casero no ha cambiado en treinta años. En quietud, percibo con satisfacción el tufo que devuelve. Caliente. Un hedor muy similar al de la alcantarilla. No exactamente el mismo, pero igual de grave. Un olor como a huevos podridos.

—No te había dicho lo de la garrapata porque me daba vergüenza—. Mencionó. Sentí pena por el perro en aquel entonces, y pena por él también. Recuerdo que quise consolarlo pero terminé por no decir nada. De cualquier forma, creo que no esperaba una respuesta. Más bien necesitaba el alivio que resulta de la confesión. Drenar.

Al salir de la regadera, todavía escurriendo, camino hacia la alacena para tomar medicina contra el dolor de estómago y alcanzo a ver el agua que usé para lavar los platos momentos antes, aún estancada en la tarja. Por los problemas que ya había notado, sabía que el líquido tardaría en desaparecer, pero empiezo a suponer que no lo hará en absoluto. Pequeños trozos de albóndigas aún flotan sin vergüenza en esa laguna contaminada de restos orgánicos.

Cuando me contó sobre los días que se tardó en decidir actuar y quitarle la garrapata, pude ver como él caía de su propia gracia al admitir la negligencia. Al abrirse, quedó expuesto. Como si fuera una herida abierta.

Necesitaré verter destapacaños líquido en el fregadero. Pero hoy no, mañana.

Después de una dolorosa descarga en el trono, al bajarle al retrete, noto que los deshechos a pesar de tratar de ser succionados, se regresan. Escucho que la tubería de la regadera emite un ruido que suena a líquidos revolviéndose. Agua marrón y una pequeña parte de la porquería del escusado salen por el otro tracto. Perfecto. Si no llamo a alguien, voy a ser responsable de un microcosmos pestilente y putrefacto que a ver si aguanto como me jacto de hacerlo. De cualquier manera, es mi propia peste, no siento tanta aversión.

Tampoco me provocó aversión, en aquel entonces, el olor de sus eructos al despertar. Más de una vez lo escuché, a primera hora de la mañana y aún en la cama, despotricar contra la mitad de la plantilla de su trabajo poco después de bostezar y expulsar un vaho que sugería plantas carnívoras moribundas dentro de su tracto. Contemplarlo lanzar quejidos e insultos hacia toda la cloaca corporativa mientras yo apenas regresaba lentamente a la vida, jamás me pareció deplorable.

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